Stephen Hawking puede conmigo. Hay ahí algo - en
todo ese rollo de tío sesudo, en silla de ruedas y hablando mediante un sintetizador
de voz - poco claro. Algo de malo de 007, probablemente descartado porque la
explicación detallada de sus planes malignos resultaba demasiado tediosa y
lenta al tener que pasar por el filtro de la máquina, dando tiempo a Bond para
liberarse, tomarse un Martini, polinizar a la pechugona de turno, y bostezar a
cámara.